ANO- CAT TIEN. Se acabó el juego, Rino. Ha comenzado el sueño, pero no un sueño onírico sino uno pesado, de esos que suceden a un funeral; mejor dicho, un dormitar depresivo. Dodó, Sapo Dorado, el tigre del Caspio, tu compañero en desaparición el tigre de Java, el Pájaro Carpintero Imperial, la foca monje del Caribe, Bilby menor, el ostrero unicolor canario, el ciervo de Schomburgk y el lobo japonés se han levantado en feroz estampida. Ahora invaden las calles de Hanoi y tú, recorres los tropicales campos cabalgado por Átila, el último de los Hunos. Ha llegado la recompensa de tanta muerte y es la muerte de tus enemigos. Cada uno de los cazadores que asesinaron a tu progenie serán embestidos por tu cuerno. Sus anos quedarán razgados como una sonrisa gigante de algún hechicero embriagado y pendenciero que sabe que la locura ha tocado las puertas de sus neuronas. Rino ahora ríes, una risa llena de sangre y triunfo. Los muertos se han levantado y Asia arderá en Benares las vacas se harán carnívoras y engullirán a los Indios que no se atrevieron a comerlas. El pájaro carpintero Imperial levantará un palacio, de maderas finas y huesos de humanos ya extintos. Comienza una nueva era y tu lejando corazón, Rino, estará muy cerca de los amantes más furtivos del cosmos. Tu fe es la prueba de que los animales muertos volverán más vivos que siempre de ese sueño pesado y depresivo de cosaco muerto en batalla.
Mostrando entradas con la etiqueta Vietnam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vietnam. Mostrar todas las entradas
miércoles, 26 de octubre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
DESPERTARES EN SAIGÓN
![]() |
| Super Kakashi reclamando el botín de guerra al maestro Nguyen. |
ANO- Ho Chi Minh. Se encarnizó la guerra celestial. Puntual como la muerte, Super Kakashi llegó a la antigua conchinchina buscando a los monjes más férreos del templo. En un gesto de altivez cerró los puños sobre su pecho, levantó el mentón y con los ojos encendidos como el de un dragón retó al maestro Nguyen. Los más jóvenes del monasterio entre burlas y risas señalaban a Super Kakashi, reprochándole a ese cabeza de chorlito la irreverencia de sus fervorosos años. El maestro Nguyen se acercó al inferior retador y le inquirió cómo podía estar a la altura para luchar contra él. “Con el método Bruce Lee” fue la respuesta serena de Super Kakashi. Las risotadas se escucharon a lo extenso de todas las hectáreas de arroz que quedan al norte del delta del río Mekong. El maestro controló la risa y para fanfarronear un poco con sus alumnos, inclinó la frente sobre el joven retador aceptando la pelea. Dos tiempos, dos formas de concebir el orden del espíritu se cruzaron entre las patadas y puños que iban y venían en la cruda batalla. El maestro Nguyen levitó sobre el suelo y dando un giro como el de Neo de Matrix propinó una patada sobre la mejilla del impertinente retador. Pero Super Kakashi no demoró en levantarse del suelo y sostuvo el puño al nivel de su abdomen, absorbiendo la energía atómica de las esferas del dragón, soltándolo luego para alcanzar el pecho del monje y arrojarlo hacia el otro extremo de la sala. Un grito de desconcierto salió de las bocas de todos los aprendices. Entonces Super Kakashi hizo el salto de la rata hasta alcanzar el cuerpo del viejo y con los dedos de sus manos agarró nuevamente los pectorales de Nguyen y le ordenó ser suyo. El viejo, entre la humillación y el miedo a la muerte, aceptó la propuesta. Los aprendices, incrédulos, se acercaron al derrotado maestro y le sugirieron vengar su honor. Pero el viejo estiró la jeta en un puchero de bebé y les confesó que había perdido a propósito, puesto que el joven Super Kakashi le había enamorado. Volvieron a aparecer las risas en las caras de los jóvenes monjes. Esa noche todo el reino celebró al calor de las hogueras y el sake.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

